INCAPACITACIONES

 

Si cualquier aspecto relacionado con el derecho de Familia hay que tratarlo con suma delicadeza y tieniendo siempre presente que ante todo lo que hay que proteger es el interés de los hijos mientras estos sean menores de edad, en cuestión de incapacitaciones esto cobra mayor relevancia, puesto que de lo que se trata es de proteger el interés de un ser querido que ya nunca va a poder regir ni su propia persona ni sus bienes.

 

La incapacidad solo la puede declarar el Juez tras un procedimiento en el que se somete a la persona en cuestión al examen del médico forense a fin de que se determine si está en condiciones de regirse a sí misma y a sus bienes. Dependiendo del grado de incapacidad estaremos ante una incapacidad total (la persona es incapaz para todos sus actos), o parcial (sólo para algunos), y en consecuencia se le nombrará un tutor o un curador en uno u otro caso.

 

Quién puede ser tutor (o curador), lo decide igualmente el Juez.  En principio, el cónyuge que conviva con el tutelado, los padres, los descendientes, los ascendientes o los hermanos.  En defecto de estas personas, será tutor la persona que el Juez decida en función de sus relaciones con el tutelado y siempre en beneficio de éste.

 

El ejercicio de la tutela se desarrollará siempre en beneficio del tutelado, ejecutando por este los actos que la Sentencia exprese y siempre bajo vigilancia del Ministerio Fiscal, quien en cualquier momento puede ordenar que el tutor le rinda cuentas sobre la situación personal del tutelado y su patrimonio.

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© Javier Valero Bermejo